Embriagémonos de palabras como si el mañana no fuera a venir jamás, hagamos el texto hasta llegar al sarcasmo, dejemos que la tinta corra sobre el blanco y puro papel ensuciándolo de libertina fantasía y sin poder usar una goma de borrar.
Despertémonos (si es que hemos dormido) impregnados de dulce tinta, agotados de tanto dejarnos llevar... y combatamos la resaca limpiando las pruebas con una ducha fría de realidad para luego seguir bebiendo versos hasta que amanezca una vez tras otra más.